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Normas de Convivencia y Disciplina

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La comunidad educativa como todo grupo naturalmente organizado que cumple una función específica debe regirse por normas claras
que garanticen el cumplimiento de su misión y resguarden los derechos  y los deberes de sus miembros.

La escuela como institución tiende a promover el crecimiento y la educación de sus miembros, el aprendizaje de nuevos conocimientos, habilidades y el desarrollo de aptitudes, creando un buen clima grupal e institucional que no se centra en vigilar y reprimir sino en lograr la armonía en sus funciones y en las relaciones entre sus miembros. Las normas y las sanciones tienen que existir en tanto forman parte del proceso de integración social. Los límites a la conducta son necesarios porque van dando la firmeza al carácter y al encuadre de las mismas.

Las normas y los límites no son un medio para controlar a los niños o conseguir que éstos obedezcan a los adultos, sino un método que les ayuda a integrarse en la sociedad mostrándoles patrones de conductas socialmente admitidas y, por consiguiente, también las que no lo son. Para una buena convivencia tanto familiar como escolar es necesario establecer normas y límites. Los límites no son sinónimo de castigo sino de enseñanza, marcan lo que se espera de nosotros ayudan a los niños a asumir el control de su comportamiento y a ser responsables de sus acciones (no olvidemos, que la responsabilidad se aprende).

Por tanto, podemos estar seguros de que los niños de todas las edades deciden cómo se comportan y ajustan su comportamiento en función de las respuestas que reciben o de las consecuencias de sus actos.
Los normas y los límites son un marco de contención para favorecer a que el niño aprenda a controlar sus conductas impulsivas, control que internalizará a medida que vaya creciendo, dando lugar a una conciencia moral que le permitirá establecer lazos sociales.

"La finalidad de la disciplina no es contener a los niños por coacción o temor del castigo, sino al sentido de vigilancia preventiva que implica en el docente: estar; estar cercano; alentar a crecer y a actuar con libertad responsable de sus actos. Presencia del maestro que permite conocer mejor al alumno y de este modo prevenir y corregirlos para la progresiva autoformación de su voluntad, orientándolo hacia el bien propio y de los otros semejantes en una sana convivencia. Ir acostumbrándolos al orden y a la virtud, por amor al deber".

Para lo cual cada alumno y cada alumna procurarán:
  • Ofrecer a Cristo las actividades de cada día. Participar de las vivencias de fe ofrecidas por la institución: procesiones, misas, visitas al Santísimo, rezo del Rosario, etc.
  • Respeto y amabilidad con los educadores y personal de la escuela, orden y atención contribuyendo así al desarrollo de todas las actividades pedagógicas.
  • Aceptar a los demás respetando las diferencias individuales, evitando por tanto, las actitudes de egoísmo, burla, de defectos y fracasos de sus compañeros que contradicen el “crecer en la virtudes”.
  • Ser responsables, compañero/a y respetuoso/a con sus palabras y gestos.
  • Cumplir con sus actividades asumiendo progresivamente el sentido que esto tiene para su formación de la voluntad.
  • Ser puntual –entrada y salida del turno, contratarnos, salidas y viajes y cualquier otro acontecimiento escolar porque es indispensable el buen aprovechamiento del tiempo y la organización de las actividades de la escuela.
  • Cuidar el aseo personal y la saludable higiene manifiesta en el cabello corto (varones) y recogido (niñas).
  • Concurrir con el uniforme definido por la escuela, todos los días de clases y actos. Presentar diariamente el cuaderno de comunicaciones con la notificación de las notas por parte de los padres o encargado.
  • Colaborar cuidando el mobiliario, instalaciones y materiales didácticos que posee el edificio escolar.

La evaluación de la “CONDUCTA ESCOLAR” tiene un espacio de valoración en la Libreta de Calificaciones que se entrega según Calendario educativo.
La interiorización de la disciplina lleva a la responsabilidad personal, y ésta, a su vez, conduce al camino hacia la madurez personal que consiste en la coherencia de vida entre lo que se quiere ser, lo que se es, lo que se piensa, y lo que se hace. Ahora bien, de la coherencia se sigue la armonía interior. La persona que ha sabido tomar el gobierno de su propia vida, responde íntima y libremente de lo que hace ante sí mismo (autoeducación)
 

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